El Temple en el Reino de Valencia

NON NOBIS DOMINE, NON NOBIS, SED NOMINI TUO DA GLORIAM

“Nada para nosotros, Señor, nada para nosotros, sino para la gloria de tu Nombre”

Es un himno que deriva del Salmo 113:9.

 San Bernardo de Claraval lo impuso a la Orden de los Caballeros Templarios como lema.

El origen de la Orden del Temple  a principios del siglo XII en Tierra Santa. Como es bien conocido, la Primera Cruzada había permitido a los occidentales conquistar Jerusalén y la mayor parte de Palestina a finales del siglo XI. Sin embargo, la ocupación era muy precaria. Los peregrinos occidentales que acudían a visitar Tierra Santa con frecuencia eran atacados por los musulmanes en el trayecto entre la costa y Jerusalén a principios del siglo XII. Para resolver el problema, un pequeño grupo de caballeros cruzados decidió establecer una asociación o cofradía en 1119. Su objetivo era proteger a los peregrinos cristianos de los ataques islámicos en su itinerario por Tierra Santa. El rey de Jerusalén les concedió como cuartel general el área del antiguo templo hebreo de Jerusalén. De ahí el nombre con el que la naciente Orden empezó a ser conocida: Orden del Temple.

El primer maestre del Temple Hugo de Payens, decidió viajar a Occidente en 1128 en busca de refuerzos. Su estancia allí resultó ser muy fructífera. En primer lugar, consiguió el decisivo reconocimiento eclesiástico de la nueva Orden por el concilio de Troyes en 1128. Además, obtuvo el decisivo respaldo de la gran figura intelectual del momento, el monje cisterciense San Bernardo de Claraval, quien escribió una pequeña obra, Elogio de la nueva milicia, para animar a la nobleza europea a entrar en el Temple. Finalmente, en 1139 el papa Inocencio II confirmó definitivamente a la nueva Orden, la eximió de la jurisdicción episcopal y la hizo directamente dependiente de la autoridad pontificia.

El Temple sirvió como prototipo y modelo para las otras órdenes militares que fueron naciendo a lo largo de los siglos XII y XIII, tales como las órdenes del Hospital, Teutónica, Santiago, Calatrava, Alcántara o Avís. Desde muy pronto, la Orden del Temple se convirtió en un gran poder.

La Orden del Temple, fundada en 1120 en Jerusalén, apareció en Aragón y Cataluña  en 1131, Ramón Berenguer III, conde de Barcelona (1082-1131), y Alfonso I, el Batallador, rey de Aragón y Pamplona (1104-1134) conocedores de la labor del Temple en Tierra Santa, le mostraban reconocimiento y admiración. El primero, dándoles, poco antes de morir, el estratégico castillo de Granyena (Lleida) en la marca superior andalusí, donde se dominaba gran parte de la árida comarca de la Segarra; y el segundo, dictando aquel extraño testamento que les hacía herederos de un tercio de su reino e ingresando en el Temple poco antes de morir. Uno y otro veían en el Temple un posible colaborador armado para sus empresas militares.

En los primeros tiempos los templarios no tenían ningún interés primordial en participar en la Reconquista peninsular, sino que sus objetivos eran recoger donativos y personal para ayudar a sus compañeros de la Tierra Santa. Este objetivo se impuso de manifiesto de alguna manera cuando el conde de Barcelona Ramón Berenguer IV celebró una asamblea de paz y tregua el 15 de abril de 1134 a favor de los templarios, en la cual les cedía gran parte de privilegios, con los que se decidieron participar activamente en la reconquista en la Corona de Aragón.

El problema del testamento de Alfonso el Batallador, que se solucionó con el matrimonio entre Ramón Berenguer IV de Barcelona y Petronila de Aragón, sobrina del Batallador, en el año 1137, con lo que nacía una nueva unidad política la Corona de Aragón.

Al finalizar las campañas militares de Ramón Berenguer IV y de su hijo, Alfonso, las encomiendas templarias se extendían por todo el territorio de la Corona: el establecimiento de encomiendas al sur del Ebro y en la región montañosa de Teruel respondía a la intención de proteger aquella frontera y preparar el avance hacia Valencia: Peníscola, Xivert,  Borriana. Fue durante el reinado de Alfonso II, el Casto (1164-96), cuando realmente asistimos a las primeras concesiones en Valencia para que sean conquistadas a los musulmanes, como es el caso de la concesión de los castillos de Xivert y Oropesa (1169), el castillo de Mont-tornés en Benicàssim (1181), el castillo y villa de Polpis (1190); todas ellas territorios de la zona costera del Maestrazgo castellonense actual. Con estas concesiones a la muerte de Alfonso II en 1196 el Temple se aseguraba en su reconquista la línea fronteriza con el Reino de Valencia, completada con la zona junto al tramo del Ebro y al sur de Tortosa.

La influencia política del Temple en Aragón llegó a su apogeo durante el reinado de Pedro II, el católico (1196-1213), y los primeros años de Jaime I el Conquistador (1213-1276), en los territorios de Valencia se les concede en 1211 la alquería de Ruzafa, en la huerta de Valencia, representada la orden por Guillermo Cadell, maestre provincial de Aragón en dos ocasiones. Dos años después en 1213 les concede para que se conquiste a los musulmanes, la villa y castillo de Culla con todos sus términos y mezquitas.

La conquista del reino de Valencia siguió un proceso similar en cuanto a la intervención de nuestros caballeros: la donación de buena parte de la ciudad, el rey Jaime la puso en manos de Guillermo de Cardona, Comendador de Miravet, y más tarde, Maestre provincial. Finalmente, en el siglo XIII, tras las campañas de Mallorca y Valencia de Jaime el Conquistador, el Temple instaló un convento en la ciudad de Mallorca, tres en la región septentrional valenciana:

  • Peníscola: El castillo de Peñíscola pasó a manos de los templarios en 1294. Maestros del arte de la fortificación, comenzaron a sentar fábrica de un nuevo castillo sobre el árabe. Construyeron la admirable obra, híbrida de castillo, cenobio y palacio (entre 1294 y 1307), análoga a las fortificaciones que levantaron en Siria y Palestina.
  • Xivert: la bailía de Xivert a raíz de la concesión de la carta puebla a su población musulmana en 1234, a los nuevos asentamientos cristianos de Alcalá (1251); Alcocebre (1261); Almedíjar y Castellnovo (1261). De entre ellas pronto destacará Alcalá, que se convertirá en cabeza de la encomienda. Extinguido el Temple, la nueva Orden de Montesa pasa a ejercer la señoría de la encomienda, a finales del siglo XIII, los templarios cambiaron su señorío sobre la ciudad de Tortosa por Peñíscola y toda su demarcación, a la que añadieron el castillo de Alcalá de Xivert.

Burriana y uno en la ciudad de Valencia. También de la campaña en Mallorca recibirán la Almudaina de los judíos, 525 caballerías y 365 casas; y de Valencia recibirán la torre de Alibufat  (actual Plaza de Temple) y todo el barrio circundante.

Cuando en 1238, el monarca se acercaba a la ciudad de Valencia para comenzar el asedio, el destacamento templario se componía de veinte caballeros y la mesnada regia se nutría de 130 a 140 caballeros, el 18 de octubre de 1238 Jaime I concede al Temple, por sus servicios prestados en la conquista de Valencia, la Torre Grande situada junto a la puerta de esta ciudad de Valencia llamada: puerta de Barbazachar     ( Plaza del temple) con el muro y barbacana, y todas las casa contenidas dentro de sus límites. Posteriormente el 29 de mayo de 1246, les concede la torre y alquería de Moncada, en la huerta de Valencia, a cambio de la de Ruzafa, que Pedro II había cedido a los templarios anteriormente, y además promete la cesión de la torre de Moncada y como garantía, ofrece a su maestre Guillermo de Cardona seis mil sueldos jaqueses sobre los réditos de la Albufera, en el caso que no les sea entregada antes de la próxima fiesta de Pascua; por último, cada destacar como se hace donación en 1248 a la Orden del Temple, representada otra vez por su maestre Guillermo de Cardona, de unas casas en Lliria que contienen tres torres de los muros de dicha villa, y una yugada de tierra en la misma zona. (1)

La Orden del Temple compra del castillo de Culla, el 27 de marzo de 1303, las tierras del Señorío de Culla (actuales términos municipales de Culla, Benassal, Atzeneta del Maestrat, Vistabella del Maestrat, La Torre d’En Besora, Benafigos y Vilar de Canes) pasaron a control templario. En el documento original, que aún se conserva en el Archivo Municipal, se pueden contemplar las firmas de Guillem d´Anglesola (antiguo Señor) y de Arnald de Banyuls (Comendador templario en Peñíscola), el cual firmó en nombre del último Gran Maestre de la Orden, Jaques de Molay. Los templarios  desembolsaron 500.000 sueldos valencianos en la compra de Culla, que curiosamente fue la última y más cara adquisición de la Orden del Temple en la Corona de Aragón antes de su controvertida desaparición el 1314. (2)

Esta situación se prolongó hasta que se creó la Orden de Montesa, a la que pasaran todos los bienes templarios del Reino de Valencia, en tanto que los de Cataluña y Aragón pasaron al Hospital. (3)

Jaime II el Justo, tras una denuncia del Inquisidor general, ordenaba desde Valencia la detención de los templarios de la Corona de Aragón y su traslado al convento de Santo Domingo del Cap i Casal para ser interrogados, mientras decretaba el embargo de sus bienes. Aunque sufrieron prisión, «los templarios de la Corona de Aragón no acabaron en la hoguera, simplemente fueron ‘jubilados’ al ser retirados a conventos con una pensión anual hasta su muerte».

El 10 de junio de 1317, el Papa Juan XXII promulgó la bula de fundación de la orden de Santa María de Montesa. Con todo, la Orden no se instituyó oficialmente hasta el 22 de julio de 1319, en una ceremonia que presidió el mismo rey don Jaime II en el palacio real de Barcelona.

Bibliografía:

(1)Revista de Claseshistoria.  Artículo Nº 301, Manuel Ortuño Arregui. Los templarios en la Corona de Aragón, 15 de mayo de 2012, ISSN 1989-4988, DEPÓSITO LEGAL MA 1356-2011.

(2)Levante emv-com, Cuando Valencia tuvo su Estado templario, Domingo 01 de abril de 2012. Dª Nieves Monsuri, Departamento Historia Medieval de la Universidad de Valencia.

(3) Visita a Montesa, Parroquia la Asunción, Valencia. (Apuntes). Javier Martínez

– El Cister y las Órdenes Militares. El Impulso hacia Oriente. Vicente Ángel Álvarez Palenzuela. Cuadernos de Historia Medieval. Universidad Autónoma de Madrid.

-El Templario y la villana: crónica del siglo XIV,  Escrito por Juan Cortada, Tomo 1, 1840.

-Dos castillos templarios en el norte del reino de Valencia: Xivert y Peníscola, Vera Hofbauerová, Carme Plaza. Lisboa, marzo 2014.

-Atlas Visual de la Comunidad Valenciana, Dña. Nieves Monsuri. Departamento Historia Medieval de la Universidad de Valencia,  1999.

-La Conquista de Al-Andalus en el siglo XIII, (Dos castillos templarios en el norte del reino de Valencia: Xivert y Peñíscola).  Jorge A. Eiroa Rodríguez (ed), Centro de Estudios Medievales – Servicio de Publicaciones de la Universidad de Murcia.

Mapa: http://www.ebreguia.com/rutadeltemple/paginas_orden/encomiendas.htm

Galería de imágenes:

Temple de Valencia: http://www.jdiezarnal.com/valenciaiglesiaypalaciodeltemple.html

Peñíscola: http://www.ebreguia.com/rutadeltemple/paginas/peniscola.htm

Alcalá de Xisvert: http://www.turismodecastellon.com/103027_es/Castillo-Templario-de-Xivert-para-amantes-de-los-monumentos-y-la-cultura/

Culla: http://www.culla.es/es/content/historia

Manuscritos Templarios:

http://www.mcu.es/archivos/MC/ACA/ExpoPatronato/templarios.htm

https://www.facebook.com/media/set/?set=a.597017133753438.1073741839.100003354692981&type=1&l=ec84cc5a1b

Mapas: Templars in the Corona de Aragón. Alan J. Forey

http://libro.uca.edu/forey/templars.htm

JavierMartínezS de Burjassot, Valencia; España, Europa, pertenece a la especie Homo Sapiens Sapiens y habita en un planeta al que llaman Tierra.

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