El Dragón de la Puerta de Bab el-Sachar y la Higuera del Temple

A pesar de los esfuerzos realizados para borrar la huella templaria en el Reino de Valencia, su recuerdo se conservó en unos pocos lugares.

El 28 de septiembre de 1238, los musulmanes enarbolaron el pendón del rey Jaime I sobre la Torre de Ali-Bufat-Muley de Valencia. El monarca hizo su entrada en la ciudad por la Puerta de Bab-el Sachar (Bab Ibn-Sajar: Puerta de la Piedra, Puerta del Real o del Temple. Situada en el lugar donde hoy se encuentra el Palacio del Temple. Según el cronista Al Udri estaba orientada hacia La Meca), aneja a dicha torre.

Al Temple entregó la Puerta de Bab-al Sachar, con la muralla circundante, la Torre de Ali-Bufat-Muley con el palacio de igual nombre y el barrio anejo, con casas y huertas. El enclave con el fin de la Orden paso a manos de su sucesora, la de Montesa, quién custodió el milagroso relicario Templario de la “Santa Espina” hasta la desamortización.

Los Templarios instalaron su convento en el palacio árabe de Ali-Bufat y a este unieron la torre romano-musulmana, mediante un puente amurallado a modo de arquillo, concluyendo la protección de la Puerta de Bab-el-Sachar, que pasó a denominarse Puerta del Temple. Construyeron además un puente sobre el rio Turia.

La Orden de Montesa derriba el convento en 1761 para edificar un nuevo convento e iglesia, pero conservaron el nombre del “Temple”, la torre fue demolida en 1780 en su parte superior y en 1865 el resto de la torre y la puerta de Bab-el Sachar.

Los de Montesa pusieron el escudo de sus antecesores, que había presidido la Torre de Ali-Bufat en el muro de la iglesia. Sin embargo no pudieron salvar el escudo de mármol negro de la Puerta de Bab-el Sachar, donde sobre las barras heráldicas de Aragón, los templarios habían situado un dragón alado.

En el documento de donación al Temple, dado por Jaime I en Valencia el 15 de noviembre de 1238, podemos leer: Item…os damos para huerto en el campo de Xarea todo lo que hay desde la Puerta que se llama Barbazachar, hasta aquella dos  Higueras contiguas al muro o valladar, y desde aquí hasta aquella pared incompleta viniendo del Huerto de Xarea hasta el rio Guadalaviar, hasta la predicha  Puerta de Barbazachar”. El texto nos remite a la posible fuente de importantes leyendas sobre el Temple Valenciano.

La Higuera de la “Puerta del Hechicero”

Cuentan los viejos que la puerta árabe rebautizada como “Barbazachar” por los cristianos, era nombrada originalmente como Bab-el-Sacha: “Puerta del Hechicero” o “del Hijo del Hechicero”, porque en la torre contigua a ella vivía con su hijo un hechicero árabe muy bondadoso, gran botánico y hábil herborista, que a todos socorría con sus preparados medicinales, haciendo caridad de ellos a los más necesitados.

Un día se presentó un pobre y desconocido viajero, mendigando su ayuda, al que atendió según su costumbre, sin cobrarle y aun dándole la mitad de su comida. Más resultó que el mendigo era un enviado de Alá, loado sea su nombre, un “djin” o “efuit” benéfico, que en premio a su bondad promete conceder al hechicero la recompensa que prefiera. El anciano herborista rechaza cualquier favor personal, aunque solicita del “djin” le revitalice una vieja Higuera, casi agotada, con cuyos frutos solía remediar el hambre de los pobres que acudían a su puerta. El genio le concede, además, que el árbol dé frutos todo el año y su higos sean medicinales; y para protegerla de los ladrones le otorga otro don: si alguien ajeno a su casa sube a la higuera, no podrá bajar de ella hasta que el dueño lo autorice, pues la tierra rechazará al ladrón hasta las ramas cada vez que éste intente poner los pies en el suelo.

Pasaron los años y el lugar fue entregado a los Templarios, que permitieron al anciano hechicero continuar habitando allí, en atención a su fama de santidad. Aunque a cambio solicitaron de su sabiduría les ayudase a construir un puente para salvar el caprichoso rio. El musulmán acepto el trato, pero debido a su edad avanzada cedió el trabajo a su hijo.

El joven aprendiz de brujo, atolondrado e irreflexivo, invoca al Diablo para que haga su trabajo, y éste accede a ayudarle, pidiendo como único pago, un suspiro suyo. Accede éste a tan extraño salario, y cuando el trato está cerrado, el Diablo le comunica que dentro de siete días, cuando la obra esté acabada, vendrá a recoger el suspiro. El último suspiro del joven, que contiene su alma inmortal. El inocente aprendiz de brujo ve pasar los días al tiempo que progresa la obra, pues el Diablo ha traído un dragón para transportar la piedra y una legión de diablillos para hacer de albañiles. Primero hacen el arco-puente, entre la torre y el convento del Temple, a modo de maqueta de la obra y luego emprenden el trabajo sobre el rio. Agobiado, el joven se confiesa con su padre, y éste, tras una breve reflexión, le aconseja sobre cómo tratar al Maligno cuando vuelva a cobrar.

De modo que, concluida la obra, sólida y resistente, el Diablo se presenta el séptimo día, para recoger el último suspiro y de paso el alma del joven. Más he aquí que el joven pide al Maligno una última gracia: comer algunos frutos de la higuera de su padre. Accede el Diablo, pero recelando una estratagema, le pide al joven subir juntos al árbol y poder recoger higos para el camino. Dicho y hecho, se alzan a las ramas y en esto aparece el viejo hechicero, exclamado: ¡¡Baja de la higuera, hijo mío!! lo que el joven hace de un salto, al ver esto el Diablo lo imita, pero apenas toca el suelo sale nuevamente despedido hacia lo alto del árbol. Donde además sus poderes no tienen efecto.

Cuando tras varias tentativas, el Diablo comprende que está preso en la higuera, mohino y amoscado accede al trato que le proponen los hechiceros: será libre si devuelve su palabra al aprendiz de brujo y con ella su alma, comprometiéndose a no tocar una sola piedra de la obra edificada.

Cumplió puntualmente pues le obligaron a jurar sobre el “Sello de Salomón”, con él sea la paz, que es talismán inquebrantable.

La Higuera en las Culturas Mediterráneas:

Los árboles ocupan un lugar destacado tanto en la Biblia como en el Corán. Las referencias arbóreas en estos libros sagrados son reflejo del lugar que correspondía a los árboles en las culturas de milenios pretéritos: sus usos, las especies locales importantes, así como su significación inspiradora y simbólica, basada en la percepción del árbol como símbolo de la vida dada por el Creador, por ejemplo la Higuera: se cuenta que hay tres higueras sagradas, la que prestó la hoja para cubrir las partes pudentas de Adán y Eva, la que protegió a Buda mientras meditaba y la que utilizaba Hathor para alimentar a los peregrinos en el Antiguo Egipto, aunque en su caso fue un sicómoro, el Ficus sycomorus o falsa higuera. Son tres variedades distintas y la única que sigue conservando su carácter sagrado es la higuera sagrada de la India (Ficus religiosa) o Akshayavat, bajo uno de cuyos ejemplares, del que se conservan retoños, alcanzó la iluminación el Buda.

La higuera como árbol sagrado y los higos como fruta mágico-propiciatoria, procede de la tradición sumeria, egipcia, hebrea, griega y fenicia. Éste árbol es un don de “Atenea” a la humanidad, siendo de esta madera las estatuas de “Dionisio” y “Príapo”, así como los exvotos en forma de falo ofrendados a estos dioses. Esta tradición sigue en época romana con la transformación de los dioses griegos en romanos. Atenea pasa a ser “Minerva” o “Palas Atenea”, diosa de la guerra, civilización, sabiduría, estrategia, arte y justicia. Príapo un dios menor rústico de la fertilidad, vegetación, animales y de la vida agrícola, hijo de Dionisio y Afrodita, llamado por los romanos “Mutuno Tutuno”.

Dionisio, dios de la vendimia y del vino inspirador de éxtasis, hijo de Zeus y Sémele, biznieto de Afrodita, al que los romanos llamaron “Baco”.

La higuera es un árbol relacionado con la fecundidad, teniendo en cuenta que los griegos practicaban la <<Sicomancia: Arte adivinatorio basado en la interpretación de la forma de las hojas de la higuera>>.

La higuera ya aparece en le “Génesis” (el árbol de la vida), cuando habla de Adán y Eva: “Entonces furos abiertos los ojos de ambos y de dieron cuenta de su desnudez. Cosieron, pues, hojas de higuera y se hicieron delantales. (Génesis 3:7-apócrifo), durante el Medievo éste árbol se asoció a la Virgen María, como la leyendas de Sopetrán (Guadalajara), Fuensanta (Córdoba), Osorno (Palencia), o la leyenda de la Dama Figueroa, hija de un Templario gallego, que arremetió ella sola contra los moros armada únicamente con una rama de higuera, ¡Y venció!.

Bibliografía:

La huella de los templarios. Tradiciones populares del Temple en España, Rafael Alarcón Herrera, Ed Robin Book, 2004, Páginas: 122 a 126.

Mitología Universal, Juan bautista Carrasco, Gaspar y Roig Editores, Madrid 1864

Leyendas y tradiciones valencianas, Vol I, Fernanda Zabala, Carena Editors S.L. 1995

Imagen: Sección de la panorámica de la ciudad de Valencia, por Alfred Guesdon, 1858

JavierMartínezS de Burjassot, Valencia; España, Europa, pertenece a la especie Homo Sapiens Sapiens y habita en un planeta al que llaman Tierra.

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