¿República de Córdoba? 1031-1070

La muerte de Almanzor en 1002, tras sufrir derrota en Calatañazor, abrió en al-Ándalus una larga etapa de fragmentación y disputa (fitna). En menos de treinta años nueve califas se sucedieron en el trono, finalmente el califato de Córdoba terminó por desaparecer en el año 1031. En su lugar surgió un mosaico de pequeños reinos, llamados de taifas expresión que significa “banderías”.

De forma paulatina las taifas o banderías de Almería, Murcia, Alpuente, Arcos, Badajoz, Carmona, Denia, Granada, Huelva, Morón, Silves, Toledo, Tortosa, Valencia y Zaragoza fueron independizándose del poder central de Córdoba.

Entre 1023 y 1031 se sucedieron tres califas marwaníes, era la crisis total de un Estado sin ingresos fiscales y que controlaba poco más de los alrededores de Córdoba, En noviembre del 1031, el notable cordobés Ibn’ Yahwar organizó un motín que asaltó el Alcázar y expulsó al último califa Hisam III, al-Mu’tadd. Había comenzado la era de la llamada república oligárquica de los Banu Yahwar en Córdoba, mientras AI-Ándalus se remodelaba en torno a unas nuevas estructuras políticas, los reinos de taifas (muluk al-tawa’if).

Sólo podemos recoger un hecho inequívoco en que coinciden todas las fuentes: el aumento de la presión fiscal como raíz o síntoma de la crisis. La considerable reducción de la capacidad centralizadora del Estado vendría a coincidir con un aumento masivo de los gastos generales, debido a los pagos al ejército andalusí y a las milicias cristianas. Las repercusiones de ello sobre la sociedad están atestiguadas por unos textos de Ibn Házm y de al- Turtusi, (fuera del general odio a los beréberes del que se hacen eco los textos cronísticos).

Dice Ibn Hazm:

“… porque los tributos que cobraran los diversos Gobiernos (anteriores a al- Mansur)   cargaban exclusivamente sobre las tierras … En cambio, hoy, esos tributos son los siguientes: uno de capitación, impuesto sobre las cabezas de los musulmanes … : otro, impuesto sobre los bienes … y, además, ciertas alcabalas que se pagan por todo lo que se vende en los mercados … Todo esto es lo que hoy recaudan los tiranos y el/o es un escándalo infame, contrario a todas las leyes del Islam ( … ). Vosotros veis en vuestra región al ejército, cuyos soldados no cobran sus haberes sino de ese impuesto que los tiranos exigen a los musulmanes, y luego, con esas mismas monedas de plata malditas, hacen sus transacciones los mercaderes y los artesanos …”

Acerca de las repercusiones de la imposición del tributo para pagar al ejército, al Turtusi es aún más explícito:

“… Dichas tropas esquilmaron al pueblo, devastaron sus haciendas y lo debilitaron. Huyó la población y la agricultura quedó depauperada, teniendo como consecuencia la disminución de los tributos cobrados por el Estado, el debilitamiento del ejército…”(1)

La República de Córdoba fue una taifa independiente que apareció en 1031 en Al-Ándalus a causa de la desintegración del  Califato. Cuando los notables de Córdoba decidieron abolir el califato y deponer al omeya Hisam III el martes 12 de noviembre de 1031, éstos asumieron el poder en corporación municipal, yama’a, (Consejo de Jueces (qadi) de toda Córdoba, al frente el qadí principal (qadi al-yama´a) que era la figura más eminente en justicia después de emir), igual que había sucedido en Toledo y Sevilla. El gobierno fue encomendado a Yahwar  (Abu l-Hazm Yahwar, 1000-1043), que desde el comienzo trató de evitar reminiscencias del periodo anterior y declinó llevar título o atributos califales, de este modo Córdoba se convertía en una aparente “república burguesa”. Puso como condición para gobernar que el sistema fuera un triunvirato, para ello eligió de entre sus parientes o allegados a Muhammad Ibn Abbas y Abd al-Aziz Ibn Hasan. Aunque Yahwar no tomó títulos, Ibn al-Jatib le denomina sayj al-yama’a (‘Jeque de la Comunidad’). Se desarrolló un sistema de gobierno seudo republicano con un consejo estatal de ministros y jueces con los que se consulta antes de tomar cualquier decisión política. En su política interior, muy alabada por las fuentes musulmanas, tuvo en cuenta las peculiaridades de la taifa cordobesa: regularizó los impuestos, hizo crecer la economía y restableció el orden cívico al licenciar a las tropas beréberes, excepto a un pequeño y manejable grupo de Yafraníes, y las sustituyó por una milicia ciudadana. Así, bajo Abu’l Hazm (Yahwar), Córdoba fue gobernada por una élite colectiva en lugar de un emir, como era común en otras taifas. De hecho, más que verse a sí mismo como el señor de la villa, Abu’l Hazm se veía a sí mismo como el protector de Córdoba.

Yahwar manifestó que sería depositario del gobierno hasta que apareciese un representante legítimo. En 1035 el cadí de Sevilla, Abul Qasim Muhammad I, proclamó la reaparición del califa Hisham II y en noviembre de aquel año Yahwar le envió carta de reconocimiento y felicitación redactada por el gran secretario Ahmed Ibn Burd. El gobernante de Córdoba sabía que en realidad Hisam II, había muerto durante la segunda entrada en Córdoba de Al-Musta’in, pero no le interesó oponerse a la ficción urdida por Muhammad I, por motivo de la existencia de un pretendiente Hammudí establecido en Carmona. Sin embargo, cuando Muhammad propuso el restablecimiento del califa en su palacio de Córdoba, Yahwar envió una embajada a Sevilla para que se cerciorasen de la identidad del pretendido omeya (Hisham II). Tras el regreso de la embajada, Yahwar retiró su reconocimiento a Hisam II y suprimió su nombre en las oraciones oficiales (1039), lo cual causó el ataque de Córdoba por parte de Ismail, hijo del cadí sevillano. En las monedas de la época subsiguiente se usó el genérico Abd Allah en lugar donde debería aparecer el nombre del califa.

Es notable la actividad diplomática de Yahwar, encaminada a arbitrar los litigios que por doquier estallaban entre las taifas. Intercedió por lo almerienses, prisioneros de Badis de Granada tras la invasión y muerte en combate de Zuhayr, (rey de Almeria), ante Badis ben Habús, rey de Granada, en 1038, y medió en las luchas entre Badajoz y Sevilla. Los Banu Yahwar acogieron a desterrados por los conflictos taifales. Tuvieron un embajador de categoría en la persona del poeta y visir Ibn Zaydun.

Abu’l Hazm gobernó la ciudad desde 1031 hasta su muerte en 1049, De acuerdo con las características de su gobierno ¿republicano? no designó sucesor, pero los acontecimientos de Córdoba hicieron que el poder recayese sobre su hijo, Abu l-Walid, que tomó el título de al-Rasid. Tras su muerte fue enterrado en su propia residencia.

Las crónicas musulmanas dan cuenta de la personalidad y las acciones de Yahwar, además de destacar su acusada religiosidad, rectitud, honradez y su carácter sereno y apacible. Al-Marrakusi, cronista de la época almorávide indica que Yahwar fue capaz de evitar las revueltas que habían caracterizado la época anterior gracias a su habilidad política. El mismo cronista explica como Yahwar asignó porteros y servidores en los alcázares pero no se fue a vivir a ellos, sino que continuó viviendo en su casa. También se citan en la crónica de Ibn Jaldun las costumbres de Yahwar para con sus súbditos, a quienes visitaba cuando enfermaban y a cuyos funerales asistía. Asimismo, se pueden apreciar en las crónicas aspectos de la religiosidad de Yahwar: actuaba como muecín en la mezquita que los cordobeses tenían en el arrabal oriental y rezaba las oraciones de las noches del ramadán de forma pública.

Abul Walid continuó gobierno benevolente de su padre durante otros 21 años, durante su mandato, Abul Walid comenzó a ceder el poder de la República de Córdoba a sus dos hijos: Abd al-Rahman de Córdoba y Abd al-Malik, de Córdoba.

Los dos hermanos se enfrentaron hasta que Abd al-Malik consigue arrebatar todo el poder a Abd al-Rahman. La confrontación fraterna desestabilizó la República y Abd al-Malik apeló al emir de Sevilla, Abbad II al-Mu’tadid. La cooperación entre Córdoba y Sevilla alarmó al emir de Toledo, Al-Mamun, que envió un ejército para sitiar Córdoba y capturar a Abd al-Malik.

La ocupación toledana de Córdoba por Muhammad Ibn Abbad duró hasta que al-Mutamid sucedió a su padre como emir de Sevilla en 1069. Al-Mutamid derrotó al ejército toledano en 1070, pero en vez de liberar Córdoba, la capturó y anexionó a la taifa de Sevilla. Abd al-Malik fue hecho prisionero y posteriormente exiliado a la isla de Saltés,(2)) que marcó el fin de la República Cordobés.

Imágen:

Taifas a principios del siglo XI. www.vallenajerilla.com.berceo.

Bibliografía:

(1)MANUEL SANCHEZ. HISTORIA 16, Extra XV, (Al-Andalus 711-1031). Octubre 1980.

(2)Pequeña isla fluvial localizada en la ría de Huelva, en las inmediaciones de las localidades andaluzas de Huelva y Punta Umbría. En la actualidad pertenece al paraje natural de Marismas del Odiel. http://es.wikipedia.org/wiki/Isla_Salt%C3%A9s

JOVER ZAMORA, J.M. (coord.). “Los reinos de Taifas. Al-Ándalus en el siglo XI”, en Historia de España Menéndez Pidal, vol. VIII-I. Madrid, Espasa Calpe, 1994.

LÓPEZ DE COCA CASTAÑER, J. E. “Los reinos de Taifas”, en Historia de Andalucía, vol. II. Madrid-Barcelona, 1980.

JESÚS MIGUEL SÁEZ CASTÁN, Análisis crítico de la civilización Hispano-Árabe de Titus Burckhardt. Universidad de Alicante. Tesis Doctoral.

JavierMartínezS de Burjassot, Valencia, España, Europa, pertenece a la especie Homo Sapiens Sapiens y habita en un planeta al que llaman “Tierra”.

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