El Reino de Valencia en “EL Quijote” y en el “Persiles”

Miguel de Cervantes fue un español abierto al mundo, un español universal. Estudió en Valladolid y en Sevilla. Viajó a Italia. Luchó en la batalla de Lepanto. Prisionero por los turcos, pasó cinco años cautivos en Argel. Fue comisario para la recolecta de víveres destinados a la armada y flota de las Indias. Asimismo desempeñó el cargo de alcabalero o recaudador de contribuciones. En el ejercicio de este cargo recorrió diversos lugares de España, ello le permitió conocer pueblos, caminos y paisajes, costumbres, tipos y caracteres. Tales experiencias le sirvieron para el enriquecimiento de su obra literaria.

Tres siglos nos separan del gran escritor universal, de Cervantes. Su bagaje cultural es digno de admiración, así como su conocimiento, nada superficial, de aspectos de la patria común, España.

Un buen día, el personaje creado por él, Don Quijote, trastornado ya su juicio, decidió hacerse caballero andante. Sus objetivos fueron dos: 1°) aumentar su honra;  2º) servir a la república, es decir, a su patria y a su prójimo. Con sus armas y caballo salió a buscar aventuras y a ejercitarse en todo aquello que había leído en los libros de caballerías.

Don Quijote no llega a pisar las tierras valencianas, sin embargo, sí que viaja por las de Aragón. Al contrario, Auristela y Periandro, los protagonistas del Persiles, peregrinos por el mundo, procedentes de los países nórdicos, recorren el reino de Valencia, sin entrar en el de Aragón. Van hacia Roma siguiendo la costa catalana y después atraviesan Francia.

Don Quijote, el protagonista, comenta con Vivaldo el linaje de Dulcinea y cita, entre otros apellidos, los Ribelles y Villanovas, propios de Valencia; los Palafoxes, Nuzas, Rocabertis, Corellas, Lunas, Alagones, Urreas, Foces y Gurreas, de Aragón.(1)

VALENCIA Y EL “QUIJOTE”

Distinguimos tres apartados: 1°) Hace referencia a lugares valencianos. 2°) Concierne a libros y a personajes de ficción valencianos. 3°) Relativo a figuras importantes, también valencianas, que se mencionan o aparecen en esta obra.

Lugares valencianos

Se citan Valencia y Alicante, ciudades de la Comunidad Valenciana y otra ciudad difícil de identificar.

Don Quijote cree que la primera venta en que se hospeda es un castillo. El ventero le sigue el juego y el humor y le cuenta que él también había sido caballero andante, buscando aventuras, por diversas partes del mundo; entre esos lugares cita la Olivera de Valencia. No sabemos si se refiere a la ciudad llamada Oliva o al barrio de Valencia la Olivereta.(2)

El cautivo, en su relato, indica que sus tres hermanos tomaron caminos diferentes desde su lugar de origen. El primero se dirigió a Salamanca; el segundo, a Sevilla; el tercero, a Alicante, porque tuvo noticias de que en ese puerto había una nave genovesa que cargaba lana para llevarla a Génova (3). Cervantes conocía perfectamente la importancia mercantil de los puertos valencianos.

También en la misma historia del cautivo, la mora Zoraida por una ventana que da a un patio, donde se hallaban varios prisioneros, le proporcionaba dinero al cautivo, por medio de una caña, a la que ataba un lienzo lleno de monedas. Esta actuación la repite varias veces porque estaba enamorada. Finalmente decidieron todos los presos rescatar a uno con aquel dinero, pero el renegado se opuso a ello. Quería que fueran liberados todos. Alega que su experiencia le había mostrado cuán mal cumplen los libres sus palabras. Añade que muchas veces habían usado aquel remedio algunos principales cautivos, redimiendo a uno que fuese a Valencia o a Mallorca con dineros para poder fletar un barco y volver por los que lo habían rescatado y que jamás se había acordado de ellos y no había vuelto, dejando así de cumplir sus promesas (4). De nuevo se pone de manifiesto la importancia de los puertos mediterráneos.

Don Quijote y Sancho encuentran al morisco Ricote, vestido de peregrino como otros compañeros extranjeros. Él les cuenta cómo a las primeras noticias que tuvo de la expulsión de los moriscos, había salido del pueblo de Sancho y suyo y se había ido a buscar acomodo, fuera de España, para su familia. Relata los avatares de su existencia y le comunica sus intenciones a Sancho. Piensa ir al pueblo de ambos a sacar un tesoro que dejó escondido antes de partir. Le propone a Sancho que acompañe y le promete que recompensará y Sancho rechaza la propuesta. El tesoro se encontraba fuera de la población. Ricote piensa que podrá recuperarlo sin ningún peligro. Su deseo es escribirles a su mujer y a su hija, que se hallan en Argel, o pasarles la noticia desde Valencia y luego ingeniárselas para llevarlas a algún puerto de Francia y desde allí, a Alemania, lugar donde se ha establecido.(5)

En la conversación que mantienen Don Quijote, Sancho y el bachiller Sansón Carrasco, en casa de Don Quijote, éste les informa que ha leído la historia de Don Quijote escrita por el moro Cide Hamete Benengeli, traducida ya al castellano. Don Quijote, asombrado, le pregunta si es verdad que hay escrita por un moro una historia suya. El bachiller Sansón Carrasco le aclara que hay más de doce mil libros publicados sobre ella y añade: ” … dígalo Portugal, Barcelona y Valencia donde se han impreso” (6). En la época de Cervantes, Valencia era un gran foco cultural y se imprimían allí muchos libros. No olvidemos que el primer libro literario impreso en España fue un libro valenciano, Les troves en lahors de la Verge María, y en una imprenta valenciana.

Libros valencianos y personajes de ficción

En el Quijote se elogian dos libros valencianos. Cuando se lleva a cabo por el cura y por el barbero el escrutinio de los libros de la biblioteca de Don Quijote, para quemar las nefastas novelas de caballerías, el ama de Don Quijote tomó ocho libros a la vez y los arrojó por la ventana. Luego volvió a coger muchos juntos y uno se le cayó a los pies del barbero, que lo recogió y leyó el título: “Historia del famoso caballero Tirante el Blanco”, del escritor valenciano Joanot Martorell, que la escribió en su lengua propia, la valenciana. El cura comenzó a elogiarlo y no consintió que fuera pasto de las llamas. Entre los elogios más significativos cabe destacar éste: ” … hago cuenta que he hallado en él un tesoro de contento y una mina de pasatiempos” (7). Más adelante añade: ” … por su estilo es éste el mejor libro del mundo” (8).

Aparte de preservar de las llamas este libro y algún otro de caballerías, salvan tres libros de los escritos en verso heroico en lengua castellana. Uno es el titulado “El Monserrate” de Crístóbal de Virúes, poeta valenciano. El cura recomienda que se guarden los tres como joyas de la poesía española (9). Virúes, aunque poeta valenciano, escribió en la lengua común de todos los españoles, porque en Valencia, a partir del siglo XVI, los escritores valencianos empiezan a escribir en esta lengua, y en el siglo XVII apenas se escribe en la lengua vernácula.

En cuanto a los personajes de ficción, tres veces cita Don Quijote al héroe caballeresco Tirante el Blanco. La primera cuando Vivaldo le pregunta qué quería decir “caballeros andantes” y éste le responde y cita entre otros, como modelo de valentía, a Tirante el Blanco, diciendo: ” … y el nunca como se debe alabado Tirante el Blanco” (10)

Más adelante, Don Quijote se halla un día dialogando con Sancho y le comenta que había nacido en esta edad de hierro para resucitar la de oro y para resucitar a los caballeros de la Tabla Redonda, a los Doce Pares de Francia y a los Nueve de la Fama. Añade que él ha de ser: “….. el que ha de poner en olvido los Platires, los Tablantes, Olivantes y Tirantes, los Febos y Beliosines … ” (11). O sea., que Don Quijote desea y piensa superar las hazañas de estos héroes, entre los que se halla Tirante el Blanco.

Asimismo, en otra ocasión, Don Quijote recurre a una enumeración de interrogaciones retóricas, que le sirven para exaltar las cualidades de varios héroes caballerescos, y para comparar aquella lejana edad de oro con la presente. Entre esas interrogaciones, hay una relativa al caballero andante de la ya citada novela valenciana. Dice así: “¿Quizá más acomodado y manual que Tirante el Blanco?” (12)

Figuras valencianas

En el relato de la pérdida de la Goleta, ciudad de la bahía de Túnez, también se nombra a un valenciano. La Goleta fue conquistada por Carlos V en 1535 y permaneció española hasta 1575. Cuenta el cautivo que un pequeño fuerte o torre que estaba a cargo de don Juan Zanoguera, caballero valenciano y famoso soldado, fue el primero que se rindió.(13)

El cautivo relata que él se redimió con ochocientos escudos que le había dado la mora Zoraida. El dinero se lo entregó, para rescatarse, a un mercader valenciano que se hallaba por aquel entonces en Argel. Éste lo libertó del rey, y ofreció que pagaría el rescate cuando llegara un bajel de Valencia. No quiso dar el dinero inmediatamente porque pensó que podía levantar sospechas.(14)

Después de la segunda salida de Don Quijote, para conducirlo a su pueblo y a su casa, lo encierran en una jaula que colocan sobre un carro. En el camino descansan en un prado todos los acompañantes y se une a ellos un canónigo. Éste pretende disuadir de su locura a Don Quijote, que se halla muy triste dentro de la jaula. Le invita a leer el libro de los Jueces, de la Sagrada Escritura. Le recomienda que, si le gustan las hazanas, lea libros de personajes verdaderos. Enumera varias figuras históricas, diciendo: ” … un Viriato tuvo Lusitania; un César, Roma; un Aníbal, Cartago; un Alejandro, Grecia; un conde Femán González, Castilla; un Cid, Valencia; un Gonzalo Femández, Andalucía .. .” (15). Ahora, en la época actual, al Cid Campeador intentan olvidarlo y no darlo a conocer en las aulas de Valencia, precisamente porque era castellano.

El buen canónigo sigue con su noble propósito de convencer a Don Quijote, y añade: ” .. .Ia lección de los valerosos hechos de estos personajes puede entretener, enseñar, deleitar y admirar a los más altos ingenios que los leyeren” (16). Además del carácter lúdico de las lecturas recomendadas, cree el inteligente canónigo que enriquecerán espiritualmente a Don Quijote, haciéndole un erudito y un enamorado de la virtud.

Ya casi al final de la obra, cuando se hallan caballero y escudero en Barcelona, van al puerto, y allí tienen ocasión de ver por primera vez el mar y se les brinda la posibilidad de visitar las galeras. Cuando Don Quijote puso los pies en el esquife, disparó la capitana el cañón de crujía y las otras galeras la imitaron. Se oía además la música de las chirimías. Al subir Don Quijote por la escalera derecha, todos los remeros lo saludaron, como era usanza cuando una persona importante entraba en la galera. Inmediatamente, le dio la mano el general, que era un principal caballero valenciano.(17)

VALENCIA y EL “PERSILES”

Auristela y Periandro, peregrinos desde los países nórdicos, por mar, arriban a Portugal y luego entran por Badajoz a España. Se dirigen a Roma, el objetivo de su peregrinación.

Llegan a un lugar en que dos mancebos vestidos de recién rescatados cautivos estaban relatando su historia. Estos cuentan cómo a uno lo cautivaron en Alicante, cuando navegaba en un navío que transportaba lana a Génova. El alcalde descubre que son falsos cautivos y quiere castigarlos, paseándolos por el pueblo, montados en dos asnos. Al final se enternece, porque se ganan así la vida, sin perjudicar a nadie, y les revela sus muchos conocimientos sobre las peculiaridades de Argel (18). Este episodio recuerda la industria e ingenio de los personajes de la novela picaresca.

Periandro y Auristela, al día siguiente, al salir de la ciudad, se encuentran de nuevo con los falsos cautivos, que iban ya aleccionados por el alcalde para que no los pudieran coger en mentira alguna. Llegaron todos a un camino que se dividía en dos, los falsos cautivos tomaron el de Cartagena y los peregrinos, el de Valencia. De allí a algunos días llegaron a un lugar de moriscos, que se hallaba asentado a una legua de la marina, en el reino de Valencia. Allí viven una experiencia inolvidable. Son acogidos con gran hospitalidad porque en todas las casas los convidaban. Cervantes trata con simpatía a los moriscos. Un viejo los introdujo en su casa y dio muestras de agasajarlos cristianamente, pero su hija Rafala les confiesa a Auristela y a su acompañante Constanza que aquella noche dieciséis bajeles berberiscos tiene la pretensión de llevarse a toda la gente del lugar. Les aconseja que salgan de aquella casa y se acojan en la iglesia del pueblo, donde encontrarán quién les ampare.

Una vez en la iglesia, el jadraque (aquí parece ser que significa sacristán) les habla de una profecía, según ella, reinaría en España un rey de la dinastía de los Austrias, que tomaría la resolución de expulsar a los moriscos. La expulsión de los moriscos se llevó a cabo en 1611. Luego, la acción temporal de este relato la sitúa Cervantes en fecha anterior.

Cerraron bien las puertas de la iglesia, fortaleciéndolas con los bancos de los asientos, subieron a la torre por una escalera levadiza. Llevóse el cura consigo el Santísimo Sacramento en un relicario. Se proveyeron de piedras y cargaron dos escopetas. Divisaron en el mar los bajeles turquescos y el cura comenzó a repicar las campanas, tan recio, que todos los valles y todas las riberas del entorno retumbaban. Los guardias de aquellas marinas se juntaron y las recorrieron todas a caballo. La gente del lugar esperaba los bajeles de Berbería. Sus ocupantes prendieron fuego a las casas y también a las puertas de la iglesia. Para consumar su maldad, derribaron la cruz de piedra que se hallaba a la salida del pueblo. Los bajeles se hacen a la mar. Rafala no se fue con ellos.

Continuaron los peregrinos su camino y llegaron cerca de Valencia y no quisieron entrar en la ciudad, aunque no faltó quien les describió la grandeza de esta ciudad: ” … la excelencia de sus moradores, la amenidad de sus contornos y finalmente todo aquello que la hace hermosa y rica sobre las demás ciudades, no sólo de España, sino de Europa; y principalmente les alabaron la hermosura de las mujeres y su extremada limpieza y graciosa lengua, con quien sólo la portuguesa puede competir en ser dulce y agradable” (19)

Continúan su camino y pasan por Villarreal de los Infantes, lugar de la provincia de Castellón, al que Cervantes califica de “hermosa y amena villa” . Allí les salió al paso, de entre la espesura de árboles, una zagala o pastora valenciana.

CONCLUSIONES

Por todo lo expuesto, se deduce que Valencia fue una ciudad culta donde florecieron escritores de la talla de Joanot Martorell y de la categoría de Cristóbal de Virúes. En ella se imprimían la mayor parte de los libros españoles.

Es una tierra que ha dado emprendedores mercaderes y valientes soldados. Los puertos valencianos, el de Alicante y Valencia, sobre todo, eran importantes salidas a Europa.

Bibliografía:

Extracto de. “VALENCIA Y ARAGÓN EN EL “QUIJOTE” Y EN EL “PERSILES”

Dra. Natividad Nebot Calpe

ACTAS XXXIV (AEPE). Centro Virtual Cervantes.

Notas

1- MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA, Don Quijote de la Mancha, Distribuiciones Mateos, Madrid, 1992, Primera parte, capítulo XIII, pág. 73.

2- Ibíd., Primera parte, capítulo I1I, pág. 27.

3- Ibíd., Primera parte, capítulo XXXIX, pág. 255.

4- Ibíd., pág. 268.

5- Ibíd., Segunda parte, capítulo LIV,pág. 615.

6- Ibíd., Segunda parte, capítulo I1I, pág. 361.

7- Ibíd. Primera parte, capítulo VI, pág.38.

8- Ibíd.

9-Ibíd., pág. 39.

10 Ibíd., Primera parte, capítulo XlII, pág. 7 l.

11- Ibíd., Primera parte, capítulo XX, pág. 113.

12- Ibíd., Segunda parte, capítulo Ir, pág. 354.

13- Ibíd., Primera parte, capítulo XXXIX, pág. 261.

14- Ibíd., Primera parte, capítulo XXXIX, pág. 268.

15- Ibíd., Primera parte, capítulo XLIX, pago 321.

16- Ibíd.

17- Ibíd., Segunda parte, capítulo LXIlI, pág. LXIII, pág. 659.

18- MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA, Los trabajos de Persiles y Sigismunda, Clásicos Castalia, Madrid, 1969, capítulo décimo del

Tercer Libro, pág. 346 Y ss.

19- Ibíd., capítulo doce del Tercer Libro, pág. 360.

JavierMartínezS de Burjassot, Valencia, España, Europa, pertenece a la especie Homo Sapiens Sapiens y habita en un planeta al que llaman “Tierra”.

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