Ana María de Soto. Una mujer en la Infantería de Marina del XVIII

Ana María de Soto, decidió incorporarse en 1793 a las filas de este Cuerpo, haciéndose pasar por un varón. Desconocía que precisamente en ese año las escuadras navales comenzaban a reducirse al mismo compás de la decadencia española, pasando de los quinientos buques que había a principios de siglo –entre navíos, fragatas, corbetas, urcas, jabeques, bergantines, balandras, paquebotes, goletas y bombardas– a la escuálida cifra de 63. Dejó su pequeña villa de Aguilar, del Obispado de Córdoba, y a los dieciséis años, se desplazó aSan Fernando, capital del Departamento Marítimo, e ingresó el 26 de julio de 1793 en las filas de la Infantería de Marina, integrándose en la 6ª Compañía del 11º Batallón de las tropas deMarina. Allí recibió la instrucción propia de los infantes de Marina para hacer las guardias, rendir honores y combatir por tierra y por mar, necesaria para ser destinado a cualquiera de los buques de la Armada. Después de cinco meses, el 4 de enero de 1794, embarcó en la fragata Mercedes.

A bordo de este buque y después en la fragata Matilde, Antonio de Soto participó en los combates de Bañuls, en el memorable sitio de Rosas, donde la escuadra del general Lángara sufrió un tremendo temporal, a pesar del cual consiguió salvar a la guarnición española. También intervino en el famoso combate naval del cabo San Vicente, embarcado en la Mercedes. En esta jornada vivió el dolor de la derrota.

El 1 de febrero de 1797, la escuadra española recibió la orden de trasladarse de Cartagena a Cádiz, arbolando la insignia de general en jefe el teniente general Córdoba, en el navío Santísima Trinidad, de 130 cañones –uno de los más grandes de su tiempo–, con un total de 27 buques, entre los que figuraba la Mercedes, de 34 cañones, al mando del capitán de fragata Varés.

En el año 1797 todavía aportaría al granadero de Marina Antonio de Soto, ya probado en duras acciones de guerra, otra oportunidad para participar en los combates de la defensa de Cádiz, entre el 3 y el 5 de julio, contra la escuadra inglesa del almirante Jervis, en una de cuyas divisiones navales figuraba el recién ascendido contralmirante Nelson. La defensa fue organizada por el general de la Armada Mazarredo, quien había conseguido reunir 136 lanchas cañoneras en las que embarcó personal de la Escuadra, reforzados con tropas del Ejército de la guarnición gaditana.

Con todo ello, y durante varios meses, se estableció un sistema defensivo en torno a Cádiz, hasta que el 3 de julio Nelson rompió el cerco, atacando con un grupo de desembarco para conquistar La Caleta. Pero allí estaba el general Gravina, que con su grupo de lanchas puso en fuga al mismo Nelson el 5 de julio, que optó por la retirada. La gesta de las lanchas cañoneras sería reconocida por los gaditanos, que cantaban: “¿de qué sirve a los ingleses tener fragatas ligeras, si saben que Mazarredo tiene lanchas cañoneras?”.

Una vez que la escuadra inglesa hubo desaparecido en el horizonte, se restableció la situación de normalidad y el granadero de Marina Soto pasó a prestar sus servicios a bordo de la fragata Matilde, transcurriendo un año en guardias y vigilancias a bordo, propias de un tiempo de paz. Hasta que, por casualidad, en un reconocimiento médico se descubrió que el soldado Soto en realidad era una mujer. Fue tan grande la sorpresa en ese día, 7 de julio de 1798, que el parte que de inmediato rindió su comandante llegó hasta el mismo general de escuadra Mazarredo, quien dio orden para que se desembarcase a Ana María de Soto, en medio de la admiración y respeto de todos quienes la habían tratado en sus más de cinco años de servicios en la Armada. El día primero de agosto, en San Fernando, recibió la licencia absoluta.

Existen documentos esclarecedores de lo que realizó esta valerosa mujer, infante de marina. Ello llevó a los jefes de la Armada a proponer su distinción, como se aprecia en el siguiente documento, recogido en el capítulo. El sargento Soto, escrito en 1898 por el coronel de Infantería de Marina Félix Salomón (del libro Por tierra y por mar, Editorial M.G. Hermanos):  “Con esta fecha digo al Comandante General de la Escuadra del Océano Don José de Mazarredo: Habiendo dado cuenta al Rey de cuanto V.E. expresa en su carta del 13 del presente mes que trata sobre lo acontecido con Ana María de Soto que ha servido bajo el nombre de Antonio de Soto, soldado de la 6ª Compañía del 11º Batallón de Marina; y enterado S.M. de la heroicidad de esta mujer, la acrisolada conducta y singulares costumbres con que se ha comportado durante el tiempo de sus apreciables servicios, ha venido en concederle dos reales de vellón diarios por vía de pensión, y al mismo tiempo, que en los trajes propios de su sexo pueda usar los colores del uniforme de marina como distintivo militar… y también S.M. ha venido en concederle el grado de sargento primero por haber servido en los Batallones de Marina como soldado voluntario durante cinco años y cuatro meses, para que pueda atender a sus padres(…) San Lorenzo a 4 de Diciembre de 1798. Firmado Juan de Lángara”.

Avisados sus ancianos padres, Tomás y Gertrudis de Alfama, se trasladaron hasta San Fernando para recoger a su hija, y como no tenían suficientes medios económicos tuvieron que viajar pidiendo limosna.

Queda en el aire la historia posterior de la sargento Ana María de Soto. Sí sabemos que en 1809 y 1813, en plena guerra de la Independencia, tuvo que reiterar la petición de que no se le estaba abonando por Hacienda la pensión concedida. Posteriormente, en noviembre de 1819, se le retiró el disfrute de un estanco en Montilla, con el pretexto de que no podía cobrar dos sueldos del Estado. La fragata Mercedes sería hundida en 1804 durante un ataque de los navíos ingleses, en el sur de Portugal, frente al Cabo de Santa María, lo que nos condujo a una nueva guerra con Gran Bretaña y al desastre de Trafalgar.

“”A las órdenes de los generales Gravina, Córdoba y Mazarredo había servido con buena nota un soldado de infantería de marina filiado en la sexta compañía del undécimo batallón con nombre de Antonio María de Soto, natural de la villa de Aguilar, en el obispado de Córdoba, y de edad de diez y seis años al sentar plaza de voluntario en 26 de Junio de 1793. Hallóse en la campaña de Cataluña, en la defensa y evacua ción de Rosas, en el combate naval del cabo de San Vicente y en las operaciones de las fuerzas sutiles de Cádiz hasta el i.° de Agosto de 1798, día en que, delatándose mujer, solicitó y obtuvo licencia absoluta, maravillando á los que habían sido sus compañeros, y mucho más á sus jefes, por cuyos in formes premió el Rey las condiciones de la amazona con pensión vitalicia, merced de uso de insignias militares (sobre el traje de su sexo) y grado de sargento primero””

(Fernández Duro, Cesareo (1972). Armada Española, desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón VIII. Museo Naval de Madrid. p. 423-424.)

Biobliografía:

Parente Domínguez, Gonzalo (Enero de 2010). «Una mujer en la Infantería de marina del XVIII». Revista Española de Defensa (Madrid: Ministerio de Defensa) (259): 56-57. ISSN 1131-5172.

Imágen:

Infante de Marina español de finales del siglo XVIII. Alfred and Roland Umhey Collection

 

JavierMartínezS de Burjassot, Valencia, España, Europa, pertenece a la especie Homo Sapiens Sapiens y habita en un planeta al que llaman “Tierra”.

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